13 abril 2016

Pavane pour un enfant défunt. L. M. Panero



LUZ DE TUMBA


"La vie despend de la volonté d'autry, la mort, de la nostre". 
Montaigne


PAVANE POUR UN ENFANT DÉFUNT 

A mi tía Margot
 
 

Se diría que estás aún en la balaustrada del balcón

mirando a nadie, llorando.
Se diría que eres aún visto como siempre
que eres aún en la tierra un niño difunto. 
Se diría, se arriesga
el poema por alguien
como un disparo de pistola, 
en la noche, en la noche sembrada
de ojos desiertos, de ojos solos
de monstruos. Todos nosotros somos
niños muertos, clavados a la balaustrada como por encanto,
como sólo saben esperar los muertos.
Se diría que has muerto y eres alguien por fin,
un retrato en la pared de los muertos, 
un retrato de cumpleaños con velas para los muertos.
Pero a nadie le importan los niños, los muertos, 
a nadie los niños que viajan solos por el país de los muertos, 
y para qué, te dices, abrir los ojos al país de los ciegos, abrir los ojos hoy,
mañana, para siempre. Era mejor Oeste, tierras vírgenes, héroes en los ojos
de un cine desesperado, y los dioses que matan a los hombres feroces,
los dioses más feroces que los hombres
los dioses crueles de la infancia,los dioses
de la inocente crueldad, pensabas, que se alimentan de ciegos
y de quienes mendigan su ser en una picaresca sórdida,
si hombres hay, homicida. Pero aventura no hay, lo sabes,
más que por alguien, para alguien, como un poema,
como el riesgo de un vuelo en el aire sin tránsito. Y es por ello por lo que no hay infancia en ese país desierto. Por ello también
por lo que nadie podría jamás sospechar que conservas esa belleza demente de la infancia, ese furor contra lo útil de tu cuerpo,
y esa mudez en los ojos, esa belleza
sólo vendible al cielo del suicidio, sólo a esos ojos: esa existencia.
Pero la vida sigue y te arrastras como ella,
la vida sigue como el puente de Eliot, 
como un puente de muertos o un flujo
de sombras que se cogen
de la mano ciega en el lodo para saber que están muertos y 
viven. Esa vida de que hablan
en el Infierno, entre sí los muertos, los alucinados, los absurdos, 
los orgullosos sonámbulos disputando con sangre
una certeza alucinante; es un fuerte dios pardo.
Una basta tragedia que hacen
por navidades, los viejecitos, los difuntos,
con personas de olvido, con máscaras y ritos de otros tiempos,
rótulos de néon y fuegos fatuos: así obra desde entonces, 
desde entonces, esa raza
misteriosa que pasa a tu lado sin mirarte o mirarse,
desde entonces, desde el día primero
en que te asomaste con pánico a su delirio. Desde que viven, quizá,
desde que no hay tiempo sin destino y trazo
de vida invulnerable a la decisión de una mirada fuerte. 
Quien es visto o quien cae en ese río sordo
es lo mismo, es un muerto
que se levanta día tras día para
mendigar la mirada. 
Porque todos llevamos dentro un niño muerto, llorando, 
que espera también esta mañana, esta tarde como siempre
festejar con los Otros, los invisibles, los lejanos
algún día por fin su cumpleaños.



Leopoldo María Panero

1 comentario:

Nicolás López-Pérez dijo...

Dos cosas: que bueno es LMP y qué toque le da re-producirlo en courier new.

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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